Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Indeciso, le llamé por teléfono a BerlÃn. ¿Cómo osaba importunar a un hombre que estaba labrando el destino de la época?
―SÃ, es difÃcil ―me dijo por teléfono―. Ahora debo sacrificar también la amistad al deber.