Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Para mà fue más un honor que una ignominia el poder compartir el destino de la aniquilación total de la vida literaria en Alemania con contemporáneos tan eminentes como Thomas Mann, Heinrich Mann, Werfel, Freud, Einstein y muchos otros cuya obra considero incomparablemente más importante que la mÃa, y cualquier gesto de mártir me repugna hasta el punto de que sólo a disgusto menciono la circunstancia de haberme visto incluido en el destino general. Y por extraño que parezca, me correspondió precisamente a mà el poner en una situación especialmente penosa al nacionalsocialismo e incluso a Adolf Hitler en persona. De entre todos los proscritos, no fue sino mi figura literaria la que se convirtió en objeto, y repetidas veces, de la irritación más furibunda y de unos debates interminables en las más altas esferas de la villa de Berchtesgaden, de modo que puedo añadir a las cosas agradables de mi vida la modesta satisfacción de haber disgustado al hombre ―de momento― más poderoso de la época moderna, Adolf Hitler.