Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer ―Pero yo me las ingenié ―añadió con una gran carcajada bávara― para llegar al otro lado dando un rodeo.
Una vez nos hubimos puesto de acuerdo sobre las lÃneas básicas, me dio algunas pequeñas instrucciones más. QuerÃa concederme libertad absoluta, porque a él no le inspiraba un libreto adaptado previamente, al estilo verdiano, sino una obra poética. Le gustarÃa que yo intercalara unas cuantas formas complicadas que dieran al colorido posibilidades de desarrollo.
―A mà no se me ocurren melodÃas largas como a Mozart. Yo sólo me desenvuelvo bien con temas cortos. Pero luego sà sé invertir un tema, parafrasearlo, sacarle todo el jugo que contiene, y creo que en eso nadie es capaz de imitarme hoy en dÃa.
Tanta franqueza me desconcertó una vez más, pues es cierto que apenas se puede encontrar en Strauss una melodÃa que vaya más allá de unos cuantos compases, pero también es verdad que estos pocos compases ―como los del vals del Caballero de la rosa― luego se elevan a la categorÃa de fuga y se convierten en una plenitud perfecta.