Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Por fin llegó el momento largo tiempo deseado en que, junto con el último año del siglo, cerramos también detrás de nosotros la puerta del odiado instituto. Tras el examen final, aprobado a duras penas (porque, ¿qué sabíamos de matemáticas, física y las materias escolásticas?), el director nos obsequió con un discurso vibrante a todos los presentes, ataviados con levitas negras para tal solemne ocasión. Nos dijo que ya éramos adultos y teníamos que honrar a la patria con eficiencia y aplicación. Así se rompió una camaradería de ocho años; a partir de entonces han sido pocos los compañeros de galeras a los que he vuelto a ver. La mayoría nos matriculamos en la universidad y nos miraron con envidia los que debían conformarse con otras profesiones y actividades.
