Miedo
Miedo Estaba enfadada consigo misma por su falta de previsión y por haber mentido tan mal. Por lo general, siempre traía preparada de antemano una mentira cuidadosamente estudiada que soportase cualquier posible interrogatorio. Hoy, en cambio, el miedo le había hecho olvidarse de este detalle y se había visto obligada a improvisar una excusa bastante torpe. No quería ni pensar en las consecuencias si, como ocurría en una de las obras de teatro que habían visto recientemente, su marido decidía coger el teléfono y preguntar…
—¿Qué te pasa…? Pareces nerviosa… ¿Y por qué no te has quitado el sombrero? —le preguntó su marido.
Ella sintió un escalofrío. Verse sorprendida por segunda vez la desconcertó. Se levantó a toda prisa y fue a su habitación a quitarse el sombrero. Al hacerlo, observó en el espejo la inquietud que revelaban sus ojos. Esperó hasta que su mirada volvió a parecerle segura y firme, y entonces regresó al comedor.