Miedo
Miedo La doncella llegó con la cena y la velada se desarrolló como todas las demás, tal vez algo más sobria y menos animada de lo normal, una velada con una conversación insulsa, que avanzaba a trompicones y de vez en cuando se agotaba. Sus pensamientos volvían atrás una y otra vez. Sentía un estremecimiento cuando revivía aquellos minutos angustiosos cara a cara con la chantajista. Entonces levantaba la mirada y volvía a sentirse segura. Reparaba en cualquiera de las cosas que la rodeaban, en su cercanía embriagadora, todo lo que contenía aquella habitación ocupaba su sitio, estaba asociado con un recuerdo y tenía un significado. Pensar en ello aliviaba su inquietud. El reloj de pared rompía el silencio con su paso firme, sosegado, casi sin darse cuenta transmitía a su corazón su ritmo cadencioso, seguro, despreocupado.