Miedo
Miedo Lo más urgente era escribir una breve nota a su amante, diciéndole que no podrÃa verle la tarde siguiente a la hora convenida y tampoco en los próximos dÃas. Al releer la carta, en la que por primera vez estampaba su firma, le pareció que habÃa utilizado un tono excesivamente frÃo. Estaba a punto de sustituir las palabras más secas por otras más amables, cuando, de repente, recordó el encuentro del dÃa anterior. Aunque no fuera consciente de ello, estaba resentida por lo que aquella mujer le habÃa revelado y esto explicaba la frialdad de aquellas lÃneas. La conciencia de haber ocupado el lugar que habÃa dejado en el corazón de su amante una persona tan grosera y ruin habÃa herido su orgullo. Con este ánimo releyó las palabras que habÃa escrito y no le pareció mal tomarse una pequeña venganza mostrándose frÃa y dejando claro que decidirÃa a su antojo si volvÃa a verle o no.