Miedo
Miedo Esta vez escogió un vestido oscuro, que no llamase la atención, y otro sombrero para confundir a aquella mujer en caso de encontrarse de nuevo con ella. Llevaba un velo para disimular sus facciones, pero el orgullo la invitó a prescindir de él en el último momento. ¿Acaso no se iba a atrever ella, una mujer apreciada y respetada, a salir a la calle por miedo a encontrarse cara a cara con una cualquiera a la que no conocía de nada? El temor ante el peligro le produjo una extraña excitación, estaba dispuesta a dar la batalla, de hecho sería un placer, le resultaba emocionante e incluso tentador, era una sensación semejante a la que se tiene al pasar los dedos por el helado filo de un puñal o al mirar el cañón de un revólver cuya negra ánima oculta la muerte. El escalofrío que experimentaba al pensar en la aventura no se podía comparar con el tibio bienestar de su plácida vida, la atraía el juego, aceptar un nuevo desafío, una idea que tensaba maravillosamente sus nervios y hacía saltar chispas en su sangre.