Miedo
Miedo —Irene… ¿qué te ocurre, Irene?
Al ver su colérica expresión, bajó la cabeza y añadió humildemente:
—Pero ¿qué es lo que te he hecho yo?
Ella se quedó mirándole fijamente, tratando de contener la rabia:
—¿Y aún se atreve a preguntar qué es lo que me ha hecho? —rio burlona—. ¡Nada! ¡Nada en absoluto! ¡Me ha tratado muy bien! ¡Ha sido muy amable conmigo!
Él la miraba estupefacto, asombrado, boquiabierto, lo que reforzaba aún más su aspecto estúpido y ridÃculo.
—¡Pero, Irene… Irene!
—No monte un escándalo —le cortó brusca, despóticamente—. Y no finja conmigo. Seguro que ella está por aquà cerca, acechándome. SÃ, su querida amiga… aguardará el momento oportuno y volverá a caer sobre mÃ…
—Pero ¿de quién me hablas…? ¿A quién te refieres?
Le habrÃa gustado abofetear ese rostro descompuesto, pasmado, ridÃculo. SentÃa cómo su mano apretaba con fuerza el paraguas. Jamás habÃa despreciado de esta forma a una persona, jamás habÃa sentido tanto odio.