Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Pero la dicha de Balboa dura poco tiempo. Pocos meses después, un radiante día de junio, la población de Darién, asombrada, se agolpa en la playa. Una vela ha relampagueado en el horizonte. Y ya eso es como un milagro en ese perdido rincón del mundo. Pero, he aquí que a su lado aparece una segunda, una tercera, una cuarta y una quinta. Y pronto son diez, no, quince, no, veinte, toda una flota que se dirige hacia el puerto. Y pronto se enteran de que todo ello es resultado de la carta de Núñez de Balboa, pero no de la que llevaba la nueva de su triunfo —ésa aún no ha llegado a España—, sino de aquella otra, anterior, en la que por primera vez transmitía el informe del cacique sobre la existencia del cercano Mar del Sur y del país del oro, y en la que pedía un ejército de mil hombres para conquistar esas tierras. Para esa expedición la Corona española no ha vacilado en enviar una flota así de majestuosa. Pero en Sevilla y Barcelona en absoluto han pensado confiar una misión de tamaña importancia a un aventurero, a un rebelde de tan mala reputación como Vasco Núñez de Balboa. Para poner al fin orden en la colonia, para imponer justicia por los delitos cometidos hasta ahora, para encontrar ese Mar del Sur y conquistar el prometido país del oro, envían como gobernador del rey a un hombre más apropiado, rico, respetado y noble, de sesenta años de edad, Pedro Arias Dávila, por lo general llamado Pedrarias.