Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Pero entonces desde el piso de abajo llegó Christof Schmidt, el fámulo, el asistente del maestro, que acababa de ponerse a copiar unas arias. También a él le habÃa sobresaltado aquella sorda caÃda. Entre los dos levantaron el pesado cuerpo —los brazos cayeron desmadejados como los de un muerto— y le acostaron, con la cabeza levantada.
—Desnúdale —ordenó Schmidt al criado—. Iré corriendo a buscar al médico. Y rocÃale con agua hasta que despierte.
Christof Schmidt echó a correr sin chaqueta. No perdió el tiempo, atravesó Brook Street hacia Bond Street, haciendo señas a todos los carruajes que pasaban ante él con un trote solemne, sin prestar la más mÃnima atención a aquel hombre gordo que jadeaba en mangas de camisa. Al fin uno se detuvo. El cochero de lord Chandos habÃa reconocido a Schmidt, quien, olvidando toda etiqueta, abrió la portezuela bruscamente.
—Händel se muere —le gritó al duque, del que sabÃa que era un gran amante de la música y el mejor protector de su querido maestro—. ¡Tengo que encontrar un médico!