Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad El criado soplaba en silencio y con empeño sus pompas irisadas. Al cabo de un rato su habilidad había aumentado notablemente. Las jaspeadas esferas eran cada vez mayores y más finas, cada vez se elevaban más alto y con mayor levedad. Una incluso rebasó el primer piso de la casa de enfrente. Cuando, de pronto, el criado se sobresaltó, pues toda la casa se estremeció con un golpe sordo. Los vasos tintinearon. Oscilaron las cortinas. Algo voluminoso y pesado tenía que haber caído al suelo en el piso de arriba. El criado dio un salto y corriendo subió las escaleras hasta el gabinete de trabajo del maestro.
El sillón, en el que solía trabajar el maestro, estaba vacío. Vacía también la habitación. Cuando el criado iba a echar a correr hacia el dormitorio, descubrió a Händel, inmóvil, tirado en el suelo, con los ojos abiertos y la mirada fija. Después, cuando se hubo recuperado del primer susto, escuchó un sordo y dificultoso estertor. El corpulento hombre yacía tirado de espaldas, gimoteando. Mejor dicho, dejando escapar un gemido en cortas y cada vez más débiles sacudidas.
Se muere, pensó estremecido, y al instante se puso de rodillas para ayudar al semiinconsciente. Trató de levantarlo, de arrastrarlo hasta el sofá, pero el cuerpo de aquel hombre gigantesco pesaba demasiado, era demasiado macizo. De modo que sólo le abrió el apretado pañuelo del cuello, y el resollar cesó de inmediato.