Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Pero bajo la rígida envoltura, como aquellas misteriosas aguas calientes bajo la tierra, una potencia incontenible seguía con vida. La voluntad de Händel, la fuerza primigenia de su ser, a la que aquella aniquiladora sacudida no había rozado, no quería dejar que lo imperecedero en aquel cuerpo mortal se extinguiera. Aquel hombre titánico aún no se había dado por vencido. Aún deseaba, aún quería vivir, quería crear, y esa resolución obró el milagro contra las leyes de la naturaleza. En Aquisgrán los médicos le previnieron con insistencia del peligro de permanecer más de tres horas en las aguas calientes. Su corazón no lo resistiría. Podría matarle. Pero la voluntad se arriesgó a morir por amor a la vida y por aquel indomable deseo de curarse. Para horror de los médicos, Händel permanecía metido en el baño caliente durante nueve horas diarias. Y con la voluntad creció en él la fuerza. Una semana después ya podía arrastrarse. Al cabo de la segunda, mover un brazo. Y, prodigioso triunfo de la voluntad y de la confianza, una vez más escapó al abrazo paralizador de la muerte para abarcar la vida, con más ardor, con mayor vehemencia que antes, con esa indecible alegría que sólo el convaleciente conoce.