Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Como un hombre perdido, desesperado, cansado de sà mismo, sin fe en sus fuerzas, tal vez incluso sin fe en Dios, durante esos meses Händel anda vagando de noche por Londres. Sólo muy tarde se atreve a salir de su casa, pues durante el dÃa los acreedores esperan ante la puerta con los pagarés vencidos, para atraparle. Y por la calle, las miradas indiferentes y llenas de desprecio de los hombres le repugnan. A veces piensa si no deberÃa huir a Irlanda, donde aún creen en su renombre. Ah, no saben lo quebrantadas que están sus fuerzas. También podrÃa huir a Alemania. O a Italia. Tal vez allÃ, el frÃo interior se deshiele de nuevo. Y de nuevo, rozada por el dulce viento del sur, la melodÃa brote de los devastados roquedales del alma. No, no lo soporta. No poder crear, no poder producir nada. Georg Friedrich Händel no soporta ser vencido. En ocasiones se para ante una iglesia, aunque sabe que las palabras no son ningún consuelo para él. Otras, se sienta en una taberna. Pero a quien conoce la elevada embriaguez, dichosa y pura, de crear, le repugna el aguardiente de mala calidad. Y a veces, desde el puente clava la vista en el Támesis, en la negra y muda corriente nocturna. Y se pregunta si no serÃa mejor librarse de todo en un decidido impulso, para no tener que seguir cargando con el fardo de ese vacÃo, ni con ese horror a la soledad, abandonado por Dios y por los hombres.