Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Cuando a la mañana siguiente el criado entró con cautela, Händel aún estaba sentado a su mesa de trabajo, escribiendo. No contestó cuando Christof Schmidt, su ayudante, le preguntó tímidamente si podía serle de alguna utilidad copiando. El maestro sólo emitió un gruñido sordo y amenazador. Nadie más se atrevió a acercarse. Y en tres semanas Händel no abandonó la habitación. Cuando le traían la comida, precipitadamente desmenuzaba con la mano izquierda unas cuantas migas de pan, mientras la derecha seguía escribiendo, pues no podía parar, era como si le hubiera sobrevenido una gran borrachera. Cuando se levantaba y caminaba por el cuarto, cantando en voz alta y marcando el compás, sus ojos tenían una extraña mirada. Si alguien le dirigía la palabra, se sobresaltaba y su respuesta era insegura y muy confusa. Entre tanto, el criado se encontró con dificultades. Vinieron los acreedores para cobrar los pagarés. Vinieron los cantantes a solicitar una cantata conmemorativa. Vinieron mensajeros para invitar a Händel al castillo real. El criado tuvo que rechazarlos a todos, pues cuando intentaba dirigirse, aunque fuera con una sola palabra, al que tan absorto seguía inmerso en su trabajo, no encontraba más que la cólera leonina de aquel al que había provocado. Durante aquellas semanas Georg Friedrich Händel perdió la noción del tiempo, de las horas. Ya no diferenciaba el día de la noche. Vivía por completo en aquella esfera en la que el tiempo sólo se mide por el ritmo y el compás. Se agitaba arrastrado tan sólo por la corriente que brotaba de sí mismo, cada vez más salvaje, cada vez más apremiante a medida que la obra se acercaba a la sagrada catarata, al final. Encerrado en sí mismo, con fuertes pisadas, llevando el compás, medía una y otra vez el calabozo que había creado en su propia habitación. Cantaba, tocaba el clavicordio, volvía a sentarse y escribía. Escribía hasta que le ardían los dedos. En toda su vida, jamás le había sobrevenido un arrebato creador como aquél. Jamás había vivido ni experimentado la música de aquel modo.