Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Allà les esperaba ya el criado, haciéndoles señas con los dos brazos.
—Ha resucitado —gritó desde la calle—. Y ahora está comiendo como seis descargadores. Se ha tragado la mitad del jamón de York de una sola sentada. He tenido que llenarle cuatro pintas de cerveza y aún quiere más.
Y en efecto, allà estaba Händel, como un rey, sentado ante una mesa repleta. Y asÃ, al igual que a lo largo de una noche y un dÃa habÃa dormido el sueño de tres semanas, ahora comÃa y bebÃa con todo el placer y la vehemencia de su cuerpo gigantesco, reponiendo las fuerzas que durante todo ese tiempo habÃa invertido en su obra. En cuanto vio al doctor, empezó a reÃrse. Con una risa que poco a poco se volvió inmensa, atronadora, estruendosa, hiperbólica. Schmidt recordó que durante aquellas semanas no habÃa visto siquiera una sonrisa en los labios de Händel, sólo tensión y cólera. Ahora estallaba la primitiva y estancada alegrÃa de su temperamento. Resonaba como la marea contra las rocas. Se encrespaba y rompÃa con vertiginosos acentos. En toda su vida, Händel jamás se habÃa reÃdo de modo tan impetuoso como ahora, al ver llegar al médico, sintiendo que estaba sano como nunca y que la alegrÃa de vivir fluÃa estrepitosa y sin interrupción de su interior. Alzó la jarra de cerveza y con un saludo la agitó en dirección al hombre vestido de negro.