Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Amour sacré de la patrie,
Conduis, soutiens nos bras vengeurs!
Liberté, liberté chérie,
Combats avec tes défenseurs!
Después, aún una quinta estrofa, la última, y, antes del amanecer, compuesto de un tirón a partir de un estímulo, conciliando a la perfección el texto y la melodía, el himno inmortal está terminado. Rouget apaga la luz y se echa sobre la cama. Algo, no sabe el qué, le ha elevado a una lucidez hasta entonces nunca experimentada por sus sentidos. Algo le lleva ahora a desplomarse en un apático agotamiento. Duerme con un sueño pesadísimo, que se parece a la muerte. De hecho, el creador, el poeta, el genio ha muerto de nuevo en él. Pero sobre la mesa, desligada del durmiente, al que en realidad ese milagro le ha sumido en un sagrado éxtasis, se encuentra la obra acabada. En la historia de todos los pueblos difícilmente se habrá repetido el que a una canción se le haya puesto música y letra con una rapidez y una perfección semejantes.