Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Las campanas de Münster anuncian como siempre el nuevo día. De cuando en cuando, desde el río, el viento trae algún que otro disparo. Han comenzado las primeras escaramuzas. Rouget se despierta. Cansado y como tanteando en la oscuridad, emerge de la sima de su sueño. De modo impreciso, siente que ha ocurrido algo. Algo le ha sucedido, algo que no recuerda más que vagamente. Y sólo ahora se da cuenta de que sobre la mesa está el pliego recién escrito. ¿Versos? ¿Cuándo los he redactado? ¿Música? ¿De mi puño y letra? ¿Cuándo la he compuesto? Ah, sí, es el canto que ayer le pidió su amigo Dietrich. ¡La marcha para el ejército del Rin! Rouget lee los versos, tararea la melodía, aunque, como les ocurre siempre a los artistas frente a su propia obra, se siente totalmente inseguro. Pero al lado vive un camarada del regimiento. A él se los enseña y se los canta. El amigo parece satisfecho y sólo recomienda unos pequeños cambios. Con este primer beneplácito, Rouget gana cierta confianza. Con toda la impaciencia propia del autor y orgulloso de haber cumplido tan rápidamente con su promesa, se presenta de inmediato en casa del burgomaestre Dietrich, que está dando su paseo matinal por el jardín y preparando al tiempo un nuevo discurso. ¿Cómo, Rouget? ¿Ya ha terminado? Entonces lo ensayaremos enseguida. Abandonan el jardín y se dirigen al salón de la casa. Dietrich se sienta al piano y toca el acompañamiento. Rouget canta la letra. Atraída por la inesperada música matinal, aparece la mujer del burgomaestre, que se compromete a hacer copias del nuevo canto y, como música experimentada que es, a perfeccionar enseguida el acompañamiento para, entre otras canciones, poder tocarla esa misma noche en la velada que ofrecen a los amigos de la casa. El burgomaestre Dietrich, orgulloso de su agradable voz de tenor, se encarga de estudiar a fondo la canción. Y el 26 de abril, la noche de ese mismo día en el que de madrugada se escribieran la letra y la música, se interpreta por primera vez ante un público casual en el salón del burgomaestre.