Momentos Estelares De La Humanidad

Momentos Estelares De La Humanidad

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En cualquier caso, habría sido una muerte heroica, y no un letargo tan lamentable en la oscuridad como el que se le impuso a Rouget, pues durante más de cuarenta años, durante miles y miles de días, el desdichado sobrevive al único momento verdaderamente creador de su vida. Le han despojado del uniforme, le han arrebatado la pensión. Los poemas, las óperas y textos que escribe no se imprimen, ni se interpretan jamás. El destino no perdona al diletante que como un intruso se ha colado entre los inmortales. Ese hombre pequeño se gana su pequeña vida con todo tipo de pequeños negocios, no siempre limpios. En vano, Carnot y después Bonaparte, movidos por la compasión, tratan de ayudarle. Algo en el carácter de Rouget está irremediablemente envenenado por lo cruel de aquel azar que le permitió ser Dios y genio durante tres horas y que después, despectivo, volvió a arrojarle al agujero de su propia nulidad. Rouget disputa y se querella con todas las autoridades. A Bonaparte, que quiso ayudarle, le escribe cartas insolentes y patéticas. Se vanagloria públicamente de haber votado en contra de él en el plebiscito. Por sus negocios se ve implicado en oscuros asuntos, y por una letra sin pagar incluso tiene que conocer la cárcel de morosos de Sainte-Pélargie. Impopular en todas partes, perseguido por los acreedores, constantemente vigilado por la policía, al final se esconde en algún rincón de la provincia. Y desde allí, como desde una tumba, solitario y olvidado, acecha el destino de su inmortal canción. Aún es testigo de cómo La marsellesa avanza por toda Europa con las legiones victoriosas. De cómo después, Napoleón, recién proclamado emperador, la manda suprimir de todos los programas por ser demasiado revolucionaria. Y de cómo después los Borbones la prohíben terminantemente. Ya viejo, amargado, no siente más que cierta sorpresa cuando, una generación después, la Revolución de julio de 1830 hace que sus palabras, su melodía, renazcan con todo su viejo vigor en las barricadas de París. Y lo mismo sucede cuando el «rey ciudadano» Luis Felipe concede al poeta una pequeña pensión. A ese hombre desconocido, del que no se ha vuelto a saber nada, le parece un sueño que aún se acuerden de él, aunque se trate únicamente de un pequeño recuerdo. Y cuando el hombre de setenta y seis años muere al fin en Choisy-le-Roi en 1836, ya nadie menciona ni conoce su nombre. Una vez más, ha de pasar otra generación. Y sólo con la guerra mundial, cuando La marsellesa, hace tiempo convertida en himno nacional, resuena de nuevo con aire belicoso en todos los frentes de Francia, se da la orden de que el cadáver del pequeño capitán Rouget sea inhumado en el mismo lugar que el del pequeño teniente Bonaparte. Bajo la cúpula de los Inválidos. Y así, el menos célebre entre los creadores de un himno inmortal descansa al fin, en el panteón de hombres ilustres de su patria, del desengaño de no haber sido más que el poeta de una sola noche.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker