Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Entonces, justo cuando el mariscal está tomando un rápido desayuno en una casa de labor, el suelo vibra ligeramente bajo sus pies. Escuchan con atención. Una y otra vez, el sonido, sordo y como apagándose ya, se acerca. Son cañones, baterías disparando a lo lejos, aunque no demasiado, como mucho a tres horas de distancia. Un par de oficiales se echan al suelo, a la manera de los indios, para escuchar claramente en qué dirección viene el sonido. Constante y sordo, retumba el lejano eco. Son los cañones de Saint-Jean, el comienzo de Waterloo. Grouchy pide consejo. Fogoso y apasionado, Gerard, su subcomandante, exige marchar rápidamente en la dirección de los cañonazos: «il faut marcher au canon». Otro oficial consultado está de acuerdo. Hay que ir allí. ¡Y rápido! Ninguno duda de que el emperador se ha topado con los ingleses y de que ha comenzado una dura batalla. Grouchy no está seguro. Acostumbrado a obedecer, temeroso, se remite a lo escrito, a las órdenes del emperador de perseguir a los prusianos en su repliegue. Gerard, al verle dudar, se vuelve más vehemente: «¡Marchez au canon!» Ante veinte oficiales y civiles, la demanda del subcomandante suena como una orden, no como una petición. Eso incomoda a Grouchy. Cada vez más firme y más rígido, explica que no pueden apartarse de su deber, en tanto no se presente una contraorden del emperador. Los oficiales se sienten defraudados. Y los cañones retumban en medio de un disgustado silencio.