Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad El éxito es colosal. Las siembras producen en seguida un quinientos por ciento. Los graneros están a reventar. Pronto los rebaños se cuentan por miles. Y a pesar de las crecientes dificultades del paÃs, de las expediciones contra los nativos, que una y otra vez osan invadir la floreciente colonia, Nueva Helvecia se desarrolla con la colosal magnitud de las regiones del trópico. Se construyen canales, molinos, factorÃas. Por los rÃos los barcos navegan corriente arriba y abajo. Suter no sólo abastece a Van Couver y las islas Sandwich, sino también a cualquier velero que atraque en California. Planta fruta, la fruta de California tan famosa y tan admirada hoy en dÃa. ¡Y mira por dónde, germina! Asà que manda traer cepas de Francia y del Rin, que en unos pocos años cubren amplias regiones. Él mismo se construye varias casas y exuberantes granjas. Manda traer un piano Pleyel nada menos que de ParÃs y una máquina de vapor que, arrastrada por sesenta bueyes, atraviesa todo el continente desde Nueva York. Tiene crédito y cuenta corriente en los más grandes bancos de Inglaterra y de Francia. Y por fin, a los cuarenta y cinco años de edad, en la cima de su triunfo, recuerda que hace catorce dejó una mujer y tres hijos en algún lugar del mundo. Les escribe, invitándoles a venir con él, a su reino, pues ahora experimenta la opulencia a manos llenas. Es el amo de Nueva Helvecia, uno de los hombres más ricos del mundo. Y seguirá siéndolo. Finalmente, los Estados Unidos también arrebatan a México la devastada colonia. Ahora todo está asegurado. Un par de años más y Suter será el hombre más rico del mundo.