Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad 1848, enero. En casa de Johann August Suter aparece de pronto, muy excitado, James W. Marshall, su carpintero. Tiene que hablar sin falta con él. Suter está sorprendido. Ayer mismo envió a Marshall a su granja de Coloma para que instalase allí un nuevo aserradero. Y el hombre ha regresado sin permiso. Temblando de excitación, se presenta ante él, le empuja hacia un cuarto, cierra la puerta y del bolsillo saca un puñado de arena, en el que brillan un par de granos amarillos. Ayer, mientras estaba cavando, dio con ese extraño metal. Cree que es oro, pero no ha dicho nada porque los demás se habrían reído de él. Suter se pone serio, toma las pepitas y hace una prueba: es oro. Decide ir con Marshall en seguida, al día siguiente, hasta la granja, pero el maestro carpintero es presa ya, la primera víctima, de la terrible fiebre que pronto sacudirá al mundo entero. Esa misma noche, en medio de la tormenta, cabalga de vuelta, impaciente por confirmarlo.