Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Para realizar un milagro o algo milagroso siempre es necesario preparar antes la confianza de un individuo en ese milagro. El cándido valor de un profano puede proporcionar la iniciativa necesaria precisamente allà donde los cientÃficos vacilan. Y como en la mayorÃa de los casos, también esta vez un simple azar es el que hace prosperar la colosal empresa. Un ingeniero inglés, llamado Gisborne, que en 1854 quiere colocar un cable que vaya desde Nueva York hasta el punto más oriental de América, Terranova, para que las noticias enviadas por los barcos puedan recibirse un par de dÃas antes, tiene que detenerse en mitad de la operación, porque se le han agotado los recursos financieros. De modo que viaja a Nueva York para buscar gente dispuesta a financiarle. Y allà por puro azar, origen de tantos hechos gloriosos, se topa con un joven, Cyrus W. Field, el hijo de un pastor protestante, que ha tenido un éxito tan rápido en los negocios que ha emprendido, que ya en sus años mozos se puede retirar con una gran fortuna. Gisborne trata de ganarse a este hombre sin ocupación, demasiado joven y demasiado enérgico para permanecer mucho tiempo inactivo, para terminar de colocar el cable entre Nueva York y Terranova. Cyrus W. Field —casi se podrÃa decir, ¡por suerte!— no es ningún técnico, ningún especialista. No sabe nada de electricidad, no ha visto jamás un cable. Pero el hijo del pastor lleva en la sangre una confianza apasionada, el enérgico espÃritu emprendedor del americano. Y donde el ingeniero especializado Gisborne sólo contempla el objetivo inmediato —conectar Nueva York con Terranova—, este hombre joven y capaz de entusiasmarse ve de inmediato más allá. ¿Por qué no unir también Terranova por medio de un cable submarino con Irlanda? Y con una energÃa que parece decidida a superar cualquier obstáculo —por esos años este hombre atravesó el océano de un lado a otro entre ambos continentes treinta y una veces—, Cyrus W. Field se pone de inmediato manos a la obra, férreamente decidido desde ese momento a invertir todo lo que tiene en esa hazaña. Con ello, ya se ha consumado ese contacto decisivo gracias al cual una idea adquiere en la realidad una fuerza explosiva. La nueva y milagrosa energÃa, la energÃa eléctrica, se ha aliado con el otro elemento dinámico que mayor fuerza tiene en la vida: la voluntad humana. Un hombre ha encontrado la misión de su vida. Y la misión, a su hombre.