Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Cyrus W. Field se pone manos a la obra con una energía inverosímil. Contacta con todos los especialistas, asedia a los gobiernos para obtener las licencias, dirige en ambos continentes una campaña para reunir el dinero necesario, y el empuje que emana de este hombre por completo desconocido es tan fuerte, tan contagiosa la pasión de su convicción interna, tan poderosa su fe en la electricidad, a la que considera una nueva y benéfica fuerza, que el capital básico de trescientas cincuenta mil libras es suscrito en Inglaterra en el plazo de pocos días. Basta con convocar en Liverpool, en Manchester y en Londres a los comerciantes más ricos para la fundación de la «Telegraph Construction and Maintenance Company», y el dinero afluye. Pero entre los firmantes se encuentran también los nombres de Thackeray y Lady Byron, que, sin ningún interés económico y movidos únicamente por puro entusiasmo, quieren patrocinar la obra. Nada ilustra mejor el optimismo con respecto a la técnica y las máquinas que imperaba en la época de Stevenson, Brunel y de los demás grandes ingenieros ingleses, que el hecho de que baste una sola llamada para que a fondo perdido se proporcione una suma tan considerable a una empresa por completo fantástica.