Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Pero al tercer dÃa al capitán del Agamemnon le asalta una secreta inquietud. Una ojeada al barómetro le ha mostrado la alarmante velocidad a la que se hunde la columna de mercurio. Un temporal de especiales caracterÃsticas tiene que estar aproximándose. Y de hecho, al cuarto dÃa estalla una tormenta como pocas veces la han presenciado los más experimentados marineros en el océano Atlántico. Y al que más afecta este huracán es precisamente al barco inglés, al Agamemnon. En sà una embarcación magnÃfica que ha superado las más duras pruebas en todos los mares y en la guerra, el buque insignia de la marina inglesa tenÃa que haber estado también a la altura de este durÃsimo temporal, pero por desgracia ha sido reformado por completo para poder albergar la enorme carga de cable. Aquà el peso no puede repartirse equitativamente en la bodega como en un carguero, sino que todo el peso de la inmensa bobina se encuentra en el centro y sólo una parte se ha almacenado en la proa, lo que tiene un efecto aún peor, y es que con cada subida y bajada la oscilación se duplica. AsÃ, el temporal puede emprender con su vÃctima el más peligroso de los juegos. Hacia la derecha, hacia la izquierda, por delante y por detrás, el barco es levantado hasta un grado de cuarenta y cinco grados. Los golpes de mar inundan la cubierta, todos los objetos quedan destrozados. Y entonces se produce una nueva fatalidad. En uno de los empellones más fuertes, que sacude el barco desde la quilla hasta el mástil, cede el tabique de la carga de carbón apilada sobre la cubierta, con lo que toda la masa en forma de pedrisco negro se precipita como un alud sobre los marineros que de por sà ya están sangrando y extenuados. Algunos se hieren en la caÃda. Otros se escaldan en la cocina con las cacerolas que ruedan por el suelo. Uno de los marineros se vuelve loco con esa tormenta que dura diez dÃas. Y ya piensan en lo peor: en tirar por la borda una parte de la funesta carga de cable. Por suerte, el capitán se resiste a asumir esa responsabilidad. Y tiene razón. Tras indecibles pruebas, el Agamemnon aguanta la tormenta y, a pesar del mucho retraso, consigue encontrar en medio del océano al otro barco en el lugar en el que se ha de iniciar la colocación del cable.