Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad TOLSTÓI: Sonia, mi bien, te lo ruego, no te excites. Ven, siéntate aquÃ. Hablemos tranquilamente. Como en los viejos tiempos, cuando empezábamos nuestra vida juntos. Considera, Sonia, las pocas palabras buenas y los pocos dÃas buenos que nos quedan. (La condesa, intranquila, mira a su alrededor y, temblando, se sienta.) Mira, Sonia, yo necesito a ese hombre… Tal vez sólo lo necesite porque soy débil en mi fe, pues, Sonia, no soy tan fuerte como quisiera. Cada dÃa me la confirman los miles de hombres que en cualquier parte de la Tierra comparten mi fe, pero comprende esto, asà es nuestro corazón terrenal. Necesita, para estar seguro de sà mismo, al menos el amor cercano, un amor que se respire, el amor evidente, palpable y manifiesto de otro ser humano. Tal vez los santos en sus celdas pudieran actuar sin ayuda de nadie y, aún sin testigos, no desesperar, pero, mira, Sonia, yo no soy ningún santo. No soy más que un hombre muy débil y viejo. Por eso he de tener cerca a alguien que comparta mi fe, que ahora, en mi soledad, en mi vejez, es lo más valioso. Mi mayor felicidad habrÃa sido que tú misma, tú, a quien desde hace cuarenta y ocho años respeto agradecido, hubieras compartido mis convicciones religiosas. Pero, Sonia, tú nunca has querido. Lo que era más valioso para mi alma, tú lo mirabas sin amor, y yo temÃa que lo hicieras incluso con odio. (La condesa hace un movimiento.) No, Sonia, no me malinterpretes. No te estoy acusando. A mà y al mundo nos has dado lo que podÃas dar. Mucho amor de madre y alegrÃa frente a las preocupaciones. Cómo ibas a sacrificarte por una convicción que tu alma no comparte. Cómo podrÃa yo culparte de que no compartas mis más profundas ideas, si la vida espiritual de un hombre, sus últimos pensamientos, serán siempre un secreto entre él y su Dios. Pero mira, entonces vino un hombre, por fin vino alguien a mi casa, alguien que habÃa sufrido en Siberia por causa de su convicción y que ahora comparte la mÃa, que es mi ayudante y mi querido huésped, que me asiste y fortalece en mi vida interior. ¿Por qué quieres quitarme a ese hombre?