Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Por un tiempo, la habitación permanece oscura por completo y en silencio. No ocurre nada. No se oye ni una respiración. De pronto la puerta de entrada al gabinete de trabajo se abre silenciosamente, con la cautela de un ladrón. Alguien, con los pies descalzos y una lámpara en la mano, que ahora coloca delante, arrojando un estrecho cono de luz sobre el suelo, avanza tanteando la cerrada oscuridad del cuarto. Es la condesa. Con miedo, mira en torno, acecha primero junto a la puerta del dormitorio, después, de puntillas, en apariencia tranquila, se dirige hacia el escritorio y coloca allí la lámpara, que en medio de la oscuridad ilumina con un círculo blanco únicamente el espacio alrededor del escritorio. La condesa, a la que en el círculo de luz sólo se le ven las manos temblorosas, agarra primero el papel escrito que ha quedado allí, empieza a leer el diario con nerviosa inquietud y después abre uno tras otro y con cuidado los cajones del escritorio, revolviendo cada vez con mayor precipitación los papeles, sin encontrar nada. Finalmente vuelve a coger la lámpara con un movimiento convulso y sale de allí a tientas. Su rostro está por completo alterado, como el de un sonámbulo. Apenas ha cerrado la puerta tras de sí, Tolstói abre de un empujón la puerta del dormitorio. Lleva en la mano una vela, que oscila a un lado y a otro. Tan terrible es la excitación que sacude al anciano. Ha espiado a su mujer. Y ya se precipita tras ella, ya agarra el picaporte de la puerta de entrada cuando, de pronto, se da la vuelta. Con calma y decidido, deja la vela sobre el escritorio, se dirige hacia la puerta vecina, al otro lado, y llama muy suave y con mucho cuidado.