Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Ahora el miedo se apodera incluso de las palabras. Se percibe cómo Scott se esfuerza por contener el horror, pero una y otra vez un grito de desesperación tras otro horada su falsa tranquilidad. «Asà no podemos seguir». O bien: «¡Que Dios nos asista! No podremos soportar este esfuerzo.» O bien: «El juego terminará mal.» Y por fin la terrible intuición: «¡Que Dios nos asista! De los hombres ya nada podemos esperar.» Pero siguen arrastrándose, avanzando, siempre adelante, sin esperanza, apretando los dientes. Oates camina cada vez con más dificultad. Para sus amigos, representa más una carga que una ayuda. A una temperatura de 42 grados bajo cero al mediodÃa tienen que desistir de la marcha, y el desventurado se da cuenta y está convencido de que será la perdición de sus compañeros. Ya se preparan para lo peor. Hacen que Wilson, el investigador, suministre a cada uno diez tabletas de morfina, para apresurar el fin en caso necesario. Aún tratan de avanzar una jornada más con el enfermo. Después, el propio infeliz exige que le dejen en un saco de dormir y le abandonen a su suerte. Aunque rechazan la propuesta con energÃa, tienen claro que para ellos serÃa un alivio. El enfermo, con las piernas congeladas, aún se tambalea unos cuantos kilómetros en dirección al refugio nocturno. Duerme con sus compañeros hasta la mañana siguiente. Entonces ven que fuera se ha desencadenado un huracán.