Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Únicamente sobre un hombre hay pocos informes en aquellos dÃas. Tal vez porque pasa desapercibido y porque no se aloja en los hoteles elegantes, ni se sienta en los cafés, ni asiste a las sesiones de propaganda, sino que con su mujer vive por completo retirado en casa de un zapatero remendón. Se aloja justo detrás del Limmat, en la estrecha, vieja y retorcida Spiegelgasse, en el segundo piso de una de esas sólidas casas de techos abovedados de la parte antigua de la ciudad, ahumada en parte por el tiempo, en parte por la pequeña fábrica de embutidos que se encuentra en el patio. La mujer de un panadero, un italiano y un actor austriaco son sus vecinos. Lo que saben de él los inquilinos de la casa es que no es muy hablador. Y poco más. Que es ruso y que su nombre resulta difÃcil de pronunciar. Que hace muchos años huyó de su patria y que no dispone de grandes riquezas, ni está metido en ningún negocio lucrativo, lo sabe la patrona por las frugales comidas y el gastado guardarropa de la pareja, que con todos sus enseres apenas llenan el pequeño cesto que traÃan consigo cuando llegaron.