Momentos Estelares De La Humanidad

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Pero ese paso supone una enorme responsabilidad: entablar de repente negociaciones con la Alemania imperial, a la que en sus escritos ha denostado y amenazado cientos de veces. Pues hasta la fecha, poner el pie en un país rival y cruzarlo, en mitad de la guerra y con el consentimiento del Estado Mayor enemigo, desde el punto de vista moral es por supuesto alta traición. Y Lenin, sin duda alguna, tiene que saber que con ello primeramente compromete a su propio partido y a su causa; que será sospechoso, que será enviado a Rusia como agente contratado y pagado por el gobierno alemán y que, en caso de que pueda poner en práctica su programa de una paz inmediata, la Historia le cargará eternamente con la culpa de haber impedido que Rusia obtuviera la auténtica paz, la de la victoria. Naturalmente, no sólo los revolucionarios más moderados, también la mayor parte de los correligionarios de Lenin, se quedan horrorizados al ver cómo hace pública su disposición a recurrir en caso necesario a esa vía, la más peligrosa y la más comprometedora de todas. Estupefactos, insisten en que hace tiempo que se han establecido negociaciones con los socialdemócratas suizos para organizar la repatriación de los revolucionarios rusos por la vía legal y neutral del intercambio de prisioneros. Pero Lenin prevé lo tedioso de esa vía, con qué artificios y segundas intenciones el gobierno ruso retrasará su regreso hasta el infinito, cuando él sabe que cada día, cada minuto es decisivo. Sólo ve el objetivo, mientras que los demás, menos cínicos y menos audaces, no se atreven a cometer una acción que según todas las leyes vigentes y desde todos los puntos de vista es una traición. Pero Lenin, en el fondo de su alma, está decidido, y bajo su responsabilidad inicia personalmente las negociaciones con el gobierno alemán.


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