Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Y Wilson no puede resistirse a la llamada. Sus amigos en América le desaconsejan que viaje para asistir en persona a la conferencia de paz. Como presidente de los Estados Unidos tiene la obligación de no abandonar su país y dirigir las negociaciones preferiblemente desde lejos. Pero Woodrow Wilson no se deja convencer. Hasta la más alta dignidad en su país, la presidencia de los Estados Unidos, le parece poco comparada con la misión que se solicita de él. No quiere servir a un país, a un continente, sino a la humanidad entera. No a ese instante, sino a un futuro mejor. No quiere representar egoístamente los intereses de América, sino el beneficio de todos, pues el interés no une a los hombres, el interés los separa («interest does not bind men together, interest separates men»). Él mismo, así lo siente, tiene que velar para que una vez más los militares y los diplomáticos, para cuyo funesto oficio la unidad de la humanidad supondría una sentencia de muerte, no se apoderen de los ánimos nacionales. Él mismo en persona tiene que erigirse en garante para que se imponga la voluntad del pueblo, antes que la de sus líderes («the will of the people rather than of their leaders»). Y cada palabra en ese congreso de paz, el último, el definitivo para la humanidad, debe expresarse con las puertas y las ventanas abiertas, ante el mundo entero.