Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Octavio, asustado, se niega. Como hombre joven, aún no del todo endurecido ni envenenado por la perfidia de la política, se resiste a empezar su mandato eliminando al escritor más célebre de Italia. Cicerón ha sido el más fiel defensor de su causa. Él le ensalzó ante el pueblo y ante el senado. Hace pocos meses Octavio aún pedía humildemente su ayuda, su consejo, tratando al anciano con respeto como su «verdadero padre». Octavio se avergüenza y persiste en su oposición. Con un acertado instinto, que le honra, no quiere entregar al más ilustre artífice de la lengua latina al oprobio del puñal de unos asesinos a sueldo. Pero Antonio insiste. Sabe que entre el espíritu y el poder hay una rivalidad eterna, y que nadie puede ser más peligroso para la dictadura que el maestro de la palabra. Tres días dura la lucha en torno a la cabeza de Cicerón. Al fin cede Octavio, y así el nombre de Cicerón remata el documento probablemente más deshonroso de la historia de Roma. Con esa única proscripción es con la que en realidad se sella la sentencia de muerte de la república.