Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Pero el hombre que en su propia casa le ha traicionado no quiere quedarse sin su vergonzoso dinero. A toda prisa, reúne a un centurión, un capitán y un par de hombres armados. Todos ellos corren tras la comitiva a través del bosque y aún les da tiempo a alcanzar la presa. Al instante, los sirvientes se agrupan en torno a la litera y se disponen a luchar, pero Cicerón les ordena que lo dejen. Su vida está acabada, ¿para qué sacrificar otras ajenas, más jóvenes? En el último momento, este hombre siempre vacilante, siempre indeciso y sólo en ocasiones valiente pierde por completo el miedo. Siente que sólo puede acreditarse como romano en esta su última prueba si —sapientissimus quisque aequissimo animo moritur— encara la muerte con dignidad. Por orden suya, los criados se apartan. Desarmado y sin ofrecer resistencia, brinda a los asesinos su anciana cabeza con estas grandiosas y sabias palabras: «Non ignoravi me mortalem genuisse.» Siempre he sabido que soy mortal. Pero los asesinos no quieren filosofía, sólo su paga. Y no lo dudan mucho. De un fuerte golpe, el centurión derriba al hombre indefenso. Así muere Marco Tulio Cicerón, el último defensor de la libertad de Roma. Mostrándose en su última hora más heroico, más viril y más decidido que en otras miles y miles durante toda su vida.