Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Horripilante espectáculo para los miles de personas que lo ven desde las murallas. A la misma distancia a la que el pueblo solía observar con placer las luchas cruentas en el hipódromo, con esa dolorosa proximidad pueden ahora asistir a una batalla naval en vivo y al naufragio al parecer inevitable de los suyos, pues a lo sumo quedan dos horas para que los cuatro barcos sucumban frente a la jauría enemiga sobre la arena del mar. En vano han venido en su auxilio. ¡En vano! Los desesperados griegos que se encuentran en los muros de Constantinopla, justo a un tiro de piedra de sus hermanos, sienten una rabia impotente y gritan con los puños cerrados, por no poder ayudar a sus salvadores. Algunos, con gestos feroces, tratan de enardecer a sus aliados en lucha. Otros, con las manos hacia el cielo, invocan a Cristo y al arcángel san Miguel y a todos los santos de sus iglesias y monasterios que han protegido a Bizancio desde hace tantos siglos, para que hagan un milagro. Pero asimismo en la orilla opuesta, en Galata, los turcos aguardan, gritando y rezando con el mismo fervor por la victoria de los suyos. El mar se ha convertido en escenario. Y una batalla naval, en un juego de gladiadores. El propio sultán ha corrido hasta aquí a galope tendido. Rodeado por sus bajaes, cabalga hasta meterse en el agua, con lo que se moja la túnica. Y enfurecido, disponiendo las manos para que a través de ellas resuene su voz, grita a los suyos que tomen los barcos cristianos a cualquier precio. Cada vez que uno de sus barcos es rechazado, insulta y amenaza a su almirante sacudiendo la cimitarra. «Si no vences, no vuelvas con vida.»