Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Lo decisivo en toda acción militar es siempre el factor sorpresa. Y aquí queda acreditado magníficamente el extraordinario talento de Mehmet. Nadie sabe nada de sus intenciones. «Si un pelo de mi barba supiera de mis pensamientos, me lo arrancaría», dijo una vez este ingenioso felón. En el más perfecto orden, mientras los cañones truenan arrogantes frente a las murallas, sus órdenes se llevan a cabo. En la noche del 22 de abril, setenta barcos son transportados de un mar al otro, sobre la montaña y el valle, atravesando viñedos, campos y bosques. A la mañana siguiente, los habitantes de Bizancio creen estar soñando. Una flota enemiga, traída como por encanto, navega, empavesada y tripulada, en el interior de su bahía supuestamente inaccesible. Se frotan los ojos y no comprenden cómo ha podido producirse ese milagro, pero los clarines, timbales y tambores gritan ya de júbilo bajo la muralla lateral hasta entonces protegida por el puerto. Todo el Cuerno de Oro, con excepción de aquel estrecho espacio neutral de Galata, donde la flota cristiana está encastillada, pertenece gracias a ese golpe genial al sultán y a su ejército. Sin que nadie le detenga, puede ahora conducir sus tropas por el puente flotante contra esa muralla más frágil. Con ello, el flanco más débil está amenazado y la línea de defensa aún más debilitada. El férreo puño se cierra apretando cada vez más en torno a la garganta de su víctima.