Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad El gobernador de La Española —después Santo Domingo o Hait× ve con horror a esos huéspedes que, sin que los hayan llamado, inundan la isla que le ha sido confiada. Año tras año, los barcos traen carga nueva y compañeros de oficio más revoltosos. Pero también los forasteros se sienten amargamente defraudados, pues en modo alguno se encuentra aquà el oro suelto en las calles; y a los infelices indÃgenas, sobre los que se abalanzan esas bestias, no se les puede arrebatar ni una sola pepita más. De modo que esas hordas vagan y holgazanean robando por ahÃ, atemorizando a los desdichados indios, atemorizando al gobernador. En vano intenta éste convertirlos en colonos, concediéndoles tierras, repartiéndoles ganado, e incluso ganado humano en abundancia, es decir, entregándoles como esclavos alrededor de sesenta o setenta indÃgenas a cada uno. Pero tanto los hidalgos de noble cuna como los que fueran salteadores de caminos no tienen mucho interés en dedicarse a la granja. No han venido hasta aquà para construir graneros y cuidar del ganado. En lugar de ocuparse de la siembra y de la cosecha, martirizan a los desdichados indios —en pocos años habrán esquilmado a toda la población— o acaban encerrados en los calabozos. En poco tiempo la mayorÃa están hasta tal punto endeudados que, además de sus haciendas, tienen que vender su capa, su sombrero y hasta la última camisa, empeñados hasta el cuello por usureros y comerciantes.