Novela de ajedrez
Novela de ajedrez No comprendimos lo que quería decirnos. Todo cuanto decía nos sonaba a chino. Pero McConnor, fascinado, obedeció sin pensárselo dos veces. Volvimos a repiquetear en el vaso para llamar a Czentovic. Por primera vez no se decidió de inmediato. Se quedó mirando el tablero con gran atención y por fin ejecutó exactamente la jugada que nos había anunciado el desconocido. Sin embargo, cuando ya se disponía a retirarse a su lugar, ocurrió algo nuevo e inesperado: Czentovic alzó la vista y pasó revista a nuestras filas; se notaba claramente que quería averiguar quién le ofrecía de repente tan tenaz resistencia.