Novela de ajedrez
Novela de ajedrez No salíamos de nuestro asombro. La precisión de sus cálculos era tan desconcertante como su rapidez. Era como si estuviera leyendo los movimientos en un libro abierto. Con todo, parecía arte de magia que, gracias a su intervención, se nos presentara ahora inopinadamente la oportunidad de hacer tablas ante todo un campeón del mundo. De común acuerdo, nos retiramos todos a un lado para dejarle ver mejor el tablero. McConnor insistió:
—Así pues, ¿el rey de g8 a h7?
—¡Desde luego! Antes que nada ponerse a cubierto.
McConnor obedeció y acto seguido hicimos la señal con la cucharilla. Czentovic se acercó a nuestra mesa con paso tranquilo como de costumbre y con una sola ojeada se hizo cargo de nuestra jugada. Después movió su peón de h2 a h4, sobre el ala del rey, exactamente como había pronosticado nuestro desconocido protector. Éste entonces nos conminó exaltado:
—¡La torre…! Avancen con la torre de c8 a c4; así tendrá que cubrir primero el peón. Pero no le servirá de nada. Ustedes mueven con el caballo de c3 a d5, sin ocuparse de su peón libre, y con ello se restablece el equilibrio. Ahora lleven el juego hacia adelante, no jueguen a la defensiva.