Tres maestros
Tres maestros Dostoievski restituyó al Destino el señorÃo sobre su destino: gracias a esto su vida adquiere poder sobre los azares del tiempo. Es un hombre demonÃaco, sometido a las fuerzas eternas, y en su persona renace, bajo la clara luz de los documentos de que disponemos, el poeta de los tiempos mÃsticos que ya se creÃa olvidado, el visionario, el gran loco, el hombre del Destino. Hay algo de primitivo y heroico en esta figura de titán. Si otras obras literarias se alzan como montañas floridas por encima de las llanuras de la época, todavÃa testigos de una fuerza creadora primigenia, pero suavizadas ya con el tiempo y accesibles hasta sus cumbres coronadas de nieve que llegan al infinito, el punto culminante de la obra de Dostoievski parece una piedra volcánica y estéril, fantástica y gris. Pero del cráter de su pecho desgarrado salen los rescoldos que inundan de lava el núcleo más recóndito de nuestro mundo: aquà aún existen nexos con el principio de todos los principios, con la fuerza primitiva elemental, y con un escalofrÃo descubrimos en su obra y su destino la misteriosa hondura de toda la humanidad.