Tres maestros
Tres maestros Reconocer esta verdad más alta o más profunda, que por decirlo asà se esconde muy por debajo de la piel de las cosas y casi tocando el corazón de toda existencia, es la pasión de Dostoievski. Aspira a conocer al hombre a la vez como unidad y como variedad, a simple vista y con lente de aumento, y por eso su realismo visionario y sabedor, que une la potencia del microscopio con la fuerza luminosa del vidente, está separado como por un muro de lo que los franceses llamaron arte realista y naturalismo. Pues, aun cuando Dostoievski en sus análisis es más exacto y va más allá que cualquiera de los que se llamaron a sà mismos «naturalistas consecuentes» (con lo que querÃan significar que llegaban hasta el final, mientras que Dostoievski traspasa todos los lÃmites), su psicologÃa parte de otra esfera del espÃritu creador. El naturalismo exacto de tiempos de Zola procede directamente de la ciencia. Es una psicologÃa experimental invertida, por decirlo asÃ, de algún modo ligada al trabajo y al sudor, al estudio y la experiencia: Flaubert destila en la retorta de su cerebro dos mil volúmenes de la Biblioteca Nacional de ParÃs para encontrar el colorido natural de la Tentación de San Antonio o de Salambó; Zola, antes de escribir sus novelas, corre durante tres meses de un lado para otro, como un reportero con su cuaderno de notas, visita la Bolsa, los bazares y los talleres, para copiar modelos y cazar hechos. Para estos dibujantes del mundo la verdad es una sustancia frÃa, calculable y manifiesta. Lo ven todo con la mirada alerta, calculadora y ponderada del fotógrafo. FrÃos cientÃficos del arte, coleccionan, ordenan, mezclan y destilan elementos aislados de la vida y cultivan una especie de quÃmica analÃtica y sintética.