Una Partida de ajedrez
Una Partida de ajedrez Dado que rara vez ocurren cosas interesantes en un pequeño pueblo provinciano del sur de Eslavonia, la primera aparición de este campeón rústico enseguida causó furor entre los notables allí reunidos. Por decisión unánime, acordaron que, sin importar los costos, el niño prodigio debía quedarse en el pueblo hasta el día siguiente, así podrían convocar a los demás miembros del club de ajedrez y, sobre todo, informar en su castillo al viejo conde Simczic, un fanático del ajedrez. El sacerdote, que ahora contemplaba a su pupilo con flamante orgullo pero que, a pesar de estar encantado con el descubrimiento, no quería faltar a sus obligaciones de oficiar el servicio del domingo, no dudó en dejar a Mirko en el pueblo para que fuera sometido a más pruebas. El joven Czentovic se hospedó en el hotel a expensas del club de ajedrez y esa noche vio por primera vez en su vida un cuarto de baño.