Una Partida de ajedrez
Una Partida de ajedrez El domingo por la tarde, la sala de ajedrez estaba repleta de gente. Mirko, sentado perfectamente inmóvil frente al tablero durante cuatro horas, venció uno tras otro a todos sus oponentes, sin decir una palabra o siquiera levantar la mirada. Finalmente, sugirieron que jugara simultáneas. Les llevó un largo rato lograr que el indocto muchacho entendiera que en las simultáneas debía jugar contra varios jugadores al mismo tiempo. Sin embargo, una vez que Mirko entendió la idea, enseguida se dio a la tarea: se movió lentamente con sus botas pesadas y ruidosas de mesa en mesa y terminó ganando siete de las ocho partidas.