Una Partida de ajedrez
Una Partida de ajedrez Entonces, comenzó un serio debate. A pesar de que, en un sentido estricto, este nuevo campeón no pertenecía al pueblo, todos rebosaban de orgullo. Quizás ese pequeño lugar, que hasta entonces casi nadie advertía en el mapa, podría tener el honor de que, por primera vez, uno de sus habitantes se convirtiera en una celebridad. Un agente de apellido Koller, cuyo trabajo habitual era simplemente contratar cantantes para el cabaret del destacamento militar, se ofreció, siempre que hubiera fondos disponibles para cubrir los gastos de un año, a ocuparse de que el muchacho recibiera una capacitación profesional en el arte del ajedrez por parte de un excelente maestro que él conocía en Viena. El conde Simczic, que en sesenta años de jugar ajedrez a diario jamás había enfrentado a un oponente tan extraordinario, se comprometió de inmediato a pagar la suma necesaria. Ese fue el día en que se inició la asombrosa carrera del hijo del pescador.