Una Partida de ajedrez

Una Partida de ajedrez

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En seis meses, Mirko había logrado dominar todos los misterios técnicos del ajedrez, aunque con una curiosa particularidad que más tarde con frecuencia sería motivo de comentarios y burlas en los círculos de ajedrecistas. Czentovic jamás logró jugar ni una sola partida de ajedrez de memoria, o a ciegas, como se dice en la jerga. Carecía por completo de la capacidad de visualizar el campo de batalla en el ilimitado espacio de la imaginación y necesitaba tener siempre a la vista, en forma tangible, el tablero blanco y negro de sesenta y cuatro casillas y las treinta y dos piezas. Incluso en el auge de su fama mundial, siempre llevaba a todos lados un ajedrez plegable de bolsillo para poder reproducir las distintas posiciones ante sus ojos cuando quería reconstruir una partida de campeonato o resolver un problema. Este defecto, insignificante de por sí, demostraba una carencia de poder de imaginación muy comentado en los círculos más íntimos del ajedrez, como si, en un contexto musical, un reconocido virtuoso o director de orquesta fuese incapaz de interpretar o dirigir una obra sin tener una partitura a la vista. De cualquier manera, esta curiosa particularidad no retrasó en lo más mínimo su espectacular ascenso. A sus diecisiete años ya había ganado una docena de premios de ajedrez; a los dieciocho ganó el campeonato de Hungría; y a los veinte, por fin logró ganar el campeonato mundial. Incluso los campeones más audaces, cada uno inmensurablemente superior a Mirko en sus capacidades intelectuales, su imaginación y determinación, cayeron presa de su lógica fría y tenaz, tal como Napoleón fue vencido por el ponderoso Kutúzov o Aníbal por Fabio Cunctator, quien, según Livio, también había mostrado llamativos signos de apatía e imbecilidad durante su niñez.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker