Una Partida de ajedrez
Una Partida de ajedrez “¡Como el asno de Balaam!”, exclamó el sacerdote con gran sorpresa al regresar y explicó al policía, cuyo conocimiento de la Biblia era más acotado que el suyo, que un milagro similar había ocurrido hacía dos mil años, cuando una criatura muda de pronto habló con la voz de la sabiduría.
A pesar de lo tarde que era, el sacerdote no pudo contenerse y retó a su pupilo semianalfabeto a un duelo. Mirko también le ganó con total facilidad. Jugó lenta, imperturbable y tenazmente, sin siquiera levantar una vez su cabeza de frente ancha del tablero. Jugó con una seguridad innegable. Los días que siguieron, ni el sacerdote ni el policía lograron ganarle una partida. El sacerdote, que podía evaluar mejor que nadie el retraso de su pupilo en todos los demás aspectos, estaba interesado genuinamente en saber hasta dónde podía llegar ese particular y único talento.