El escultor de la Muerte

Clark Carrados

De repente le pareció que no estaba solo en la cama. Además, había en la estancia un olor extraño, como de algomohoso, una especie de hedor no demasiado pronunciado, aunque losuficientemente desagradable para arrugar la nariz. Dodd volvió la cabeza. Inmediatamente, se puso a temblar. Reconoció el peinador de tules blancos. Pero la prenda cubríaahora lo que parecía una momia.
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