El hombre omega

Curtis Garland

Omicrón-2 se desperezó inesperadamente. Y terminó un sueño de siglos. Omicrón-2 no notó cansancio. Tampoco advirtió aturdimiento o torpeza en sus reacciones internas más elementales. No notó nada, para ser exactos. Era como si hubiera despertado de un simple letargo de horas. Una siesta, como le llamaban allá, en algunos lugares más al sur de donde él naciera. ?El sueño ha terminado ?dijo, casi con monotonía?. Hay que tomar el desayuno. Y como Omicrón-2 era eminentemente práctico y servicial, no se limitó a exponer una necesidad, sino que procedió a resolverla del modo más adecuado posible. Sencillamente, preparó el desayuno. Un momento después, estaba servido.
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