No dispares, preciosa

Joe Mogar

Eso fue lo primero que dijo Harry Stivens cuando la vio aparecer por aquella puerta. Pero antes la había mirado. Era simplemente una Venus, con mayúscula, en edición de bolsillo, con minúscula. Estaba parada frente a él, con un «deshabillé» de nylon completamente transparente, debajo del cual no había nada.Pequeñita, ya que su estatura era algo inferior a la normal, pero llena de curvas maravillosas y de suaves redondeces. Tanto es así, que Stivens se atragantó.¡Y qué piernas, diablos!
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