El hombre de las mil cabezas

Kenneth Robeson

Existían varias razones para que el primero de los dos disparos no llamara la atención. Una de ellas la constituían el número de periodistas que sacaban fotografías de la muchedumbre. Estos empleaban el antiguo procedimiento de magnesio en polvo que producía espeso humo blanco y ruido además de luz. Allá, en un hangar, funcionaba irregularmente un motor, oyéndose con frecuencia las explosiones de su escape-otro motivo para que no se oyera, el disparo.
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