Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Empieza a llover. La obscuridad es densísima. Del próximo mar solo se perciben las lúgubres lamentaciones… El cielo parece haberse desvanecido. Todo es frías tinieblas en torno nuestro.
El soldado, verdadero protagonista de todas las guerras, tiene hoy doble ración de vino y dos horas de prórroga para acostarse. Con esto y con su industria le basta para pasar una velada deleitosa.
Muchas veces he salido de mi tienda para contemplar el aspecto de nuestro campo, y todas ellas he visto y oído cosas tan interesantes, que no bastaría un volumen para referirlas. ¡Qué grupos! ¡Qué conversaciones! ¡Qué episodios tan tiernos y tan peregrinos!
Las hogueras tienen también doble y hasta cuádruple ración de leña. Alrededor de cada una se encuentran diez o doce soldados cociendo, asando y friendo todo lo que hoy les ha proporcionado la administración militar, con más lo que ellos han podido procurarse particularmente. En una parte se refieren historias; en otra cuentos; aquí se razona sobre el origen, curso y resultado de la guerra; allí se hacen biografías de jefes u oficiales… Pero la generalidad de las conversaciones gira sobre las costumbres del pueblo de cada uno, sobre el modo cómo en ellos se suele pasar la Nochebuena, y sobre los parajes en que este o el otro se hallaban tal o cual año durante las solemnes horas del 24 de diciembre.